Educando para la libertad en la era de la esclavitud del consumo.

Educando para la libertad en la era de la esclavitud del consumo.

Vol.: 5, 2012/31

Calidad Educativa Consultores S. C., te da la más cordial bienvenida  a nuestro boletín de información cuyo objetivo es difundir reflexiones e ideas sobre la práctica educativa.

En la Navidad se agudiza el consumo, tal vez como en ninguna otra época del año. Todos consumimos, pero los niños y las niñas son los principales destinatarios de la venta, convirtiéndose de manera gradual en esclavos del consumo por voluntad, tal y como nosotros lo somos. 

En este número partimos de un análisis de los productos que se les venden a los niños y a las niñas para luego analizar cómo se puede educar para la libertad en la era de la esclavitud del consumo, ya que nuestra capacidad de decisión libre, informada y racional se ve afectada por las modas, el deseo de tener y consumir sin límite. De esto, los niños y las niñas no están exentos, siendo que sus capacidades para decidir libremente no han sido plenamente desarrolladas. 

La pregunta que emerge es: ¿cómo podemos educar para la libertad en la era de la esclavitud del consumo? ¿Qué se puede hacer cuando el entorno nos condiciona tan fuertemente? ¿Cómo no prohibir para que los objetos no sean tan codiciados? Partimos del principio de que la capacidad básica para tomar decisiones de consumo es la voluntad, misma que se educa por la relación con un adulto más experimentado que de inicio se establece por un regulador externo y que gradualmente promueve que los niños y niñas menos experimentados aprendan a decidir autoregulando y autocontrolando lo que quieren.    

Agradecemos al Maestro Alejandro López Ambrosio del Estado de México que nos haya dejado tomar su trabajo como ejemplo.  

Esperamos les sea de utilidad.

Recuerden que pueden circular libremente este artículo así como publicarlo, siempre y cuando se cite la fuente. 

Les recordamos a todos y a todas que este artículo no ha sido editado como se debe, por lo que si encuentran errores de redacción, ortografía o dedos que se nos escapen en una revisión editorial simple les pedimos una disculpa de antemano. 

!Les deseamos unas felices fiestas y un próspero año nuevo¡

¡Felices fiestas!


Defender la alegría

Por Mario Benedetti
(Textual y sin mayúsculas por el autor)
Defender la alegría como una trinchera
defenderla del escándalo y la rutina
de la miseria y los miserables
de las ausencias transitorias
y las definitivas

defender la alegría como un principio
defenderla del pasmo y las pesadillas
de los neutrales y de los neutrones
de las dulces infamias
y los graves diagnósticos

defender la alegría como una bandera
defenderla del rayo y la melancolía
de los ingenuos y de los canallas
de la retórica y los paros cardiacos
de las endemias y las academias

defender la alegría como un destino
defenderla del fuego y de los bomberos
de los suicidas y los homicidas
de las vacaciones y del agobio
de la obligación de estar alegres

defender la alegría como una certeza
defenderla del óxido y la roña
de la famosa pátina del tiempo
del relente y del oportunismo
de los proxenetas de la risa

defender la alegría como un derecho
defenderla de dios y del invierno
de las mayúsculas y de la muerte
de los apellidos y las lástimas
del azar
y también de la alegría.

¡Te invitamos defender la alegría en estas fiestas!

Educando para la libertad en la era de la esclavitud del consumo 

Dra. Laura Frade Rubio

Una sociedad democrática se fundamenta en la promoción, protección y regulación de los derechos humanos fundamentales principalmente el de la libertad. La paradoja actualmente es que gradualmente nos hemos convertido en esclavos del consumo por voluntad… Desde este contexto la pregunta es: ¿cómo podemos educar a los niños en la libertad cuando forzosamente tienen que consumir para que la economía prospere? Esto porque si no hay consumo no hay ventas, no hay producción, no crece el empleo, y por tanto entonces no salimos adelante. A continuación presentamos una serie de reflexiones que coadyuven a educar a los niños para ejercer el derecho a la libertad con responsabilidad y plena conciencia de las consecuencias de sus actos en los contextos económicos actuales.  Recientemente, en un taller, el maestro Alejandro López Ambrosio de un bachillerato del Estado de México, me decía que para estudiar el tema de la esclavitud les había puesto a sus estudiantes un estudio de caso en el que los puso a observar dos imágenes, una en la que se veía un pie con una cadena amarrada, y otra en la que se observaba un joven enviando textos en un teléfono. 

Al inicio de la clase, el maestro les pidió que observaran la imagen, luego les preguntó que en qué se parecían ambas, a lo que uno de sus estudiantes respondió que los dos eran esclavos, pero otro de los compañeros dijo: “Pero no es igual, uno es esclavo porque quiere y el otro no lo decidió por sí mismo”.  Posteriormente los puso a leer una lectura sobre la historia de la esclavitud en el mundo de manera sintética, desde los inicios de la humanidad hasta la aparición de Declaración de los Derechos Humanos. Como actividad de aprendizaje les pidió que hicieran un cuadro sinóptico con una síntesis conceptual del tema estudiado, y finalmente, como actividad de cierre les pidió que respondieran a la preguntas del conflicto inicial toda vez que contaban con los conocimientos aprendidos.  

En lo personal me fascinó el resultado de este proceso de aprendizaje porque se desarrolló el pensamiento crítico, la toma de una postura, y la concientización de que la esclavitud se presenta de diversas formas a lo largo de la historia y que en la actualidad, si bien todavía existen formas de esclavitud forzada, las principales son voluntarias, como múltiples adicciones que permitidas o no hoy se presentan.

Paralelamente, a esto llegó a mi correo electrónico una información sobre una campaña que están haciendo varios padres y madres en Estados Unidos que se llama: Campaña por una niñez libre del comercio (Campaign for a Free Comercial Childhood) que reclama el derecho de los niños y de las niñas a crecer en un ambiente libre de los intereses comerciales y del daño que provoca la difusión y venta indiscriminada de productos, cuando además el destinatario principal es un sujeto en desarrollo y en formación. Desde esta perspectiva su acción se concentra principalmente en exigirle a las empresas que no diseñen anuncios dirigidos a los menores, que además ellos y ellas tengan tiempo libre fuera de las pantallas ya que éstas se han convertido en el espacio lúdico por excelencia violentando el derecho al jugar, y que aunado a lo anterior se promueva la lectura, entre otros aspectos.  

Una de sus actividades con los padres y madres es brindarles información sobre el impacto que tienen ciertos productos en la vida de los niños y las niñas, desde las diversas pantallas ya citadas, hasta el consumo de hamburguesas y comida chatarra, o bien la influencia del consumo constante en el estilo de vida de la infancia, ya que aprenden a vivir para comprar.  También hacen concursos en los que les dan premios negativos a las empresas por lo que producen como “el premio al peor juguete” con su respectivo boicot, de manera que generan una corriente de opinión entre los padres y madres para que no los compren, o exigen la cancelación de canales televisivos que cuentan con anuncios dañinos para la niñez, mismos que pueden llevarlos a visitar páginas web que no son saludables. 

En su página presentan resultados de investigaciones como las siguientes: 

1. A pesar del hecho de que existen categorías para la difusión y venta de material (G=Audiencia general, PG= Guía de los padres y madres sugerida,  PG-13=Precaución de los padres y madres fuertemente sugerida, R= Restringido, Hard R=Contenido Fuerte, XXX= Pornografía, NC-17= No permitido por debajo de los 17 años, cuyo equivalente en México sería AA= Para todo público en especial para niños, A: para todo público, B= adolescentes mayores de 12 años, B15, adolescentes mayores de 15 años,  y adultos, C: sólo para adultos mayores de 18 años y D=mayores de 21 años), los juguetes y los medios violentos son marcados con la letra G o en nuestro caso A. Por ejemplo, en el año 2007 el 91% de los juguetes que eran categoría PG (Parental Guidance) eran violentos. 

En un reporte de la Comisión Federal de Comercio de Estados Unidos se encontró que el 90% de las películas marcadas con R, el equivalente a la letra D eran anunciadas en las páginas que visitaban normalmente los menores de 17 años. 

2. A pesar de que el juego es esencial para la salud y el bienestar de los niños, tanto que ha sido garantizado en la Convención de los Derechos del Niño y de la Niña por Naciones Unidas (ONU 1989), por que además promueve el crecimiento intelectual, el pensamiento crítico y provee la oportunidad de que los niños experimenten y adquieran habilidades de solución de problemas (Levin 1998); existe un entorno saturado de medios de comunicación que puede impedir que los niños y niñas jueguen, ya que mientras efectivamente se encuentran “bien cuidados frente a la pantalla”, no se desarrolla la habilidad para actuar espontáneamente ni tampoco la capacidad para planear, ejecutar y evaluar con varios estímulos a la vez que sean manipulados por ellos y ellas, puesto que lo único que hacen es picar y reaccionar, el juego les dirige el pensamiento sin que puedan pensar libremente, por lo que no influyen directamente en el ambiente natural y social que es más complejo.  Lo anterior los lleva a no ejercitar la creatividad, puesto que se mueven en mundos condicionados por el estímulo y la respuesta que provocan, ya que mientras más predeterminada se encuentra la intencionalidad lúdica, menos se desarrolla la imaginación y la propuesta, habilidades que sientan las bases para que uno piense por sí mismo así como de identificar la solución a los problemas que se enfrentan (Lynn 2004, 2008, Kaiser Family Foundation, 2003, Healy M, 2004). 

3. Existen investigaciones que ligan la sexualización de los juguetes con los problemas mentales actuales, incluyendo los problema alimenticios como la bulimia y la anorexia, la baja autoestima y la depresión. La sexualización y objetivación de las mujeres en los medios está asociada a la no satisfacción y aceptación del propio cuerpo así como a la aparición de la ansiedad porque no se cumplen con los estereotipos que se generan desde que las niñas son pequeñas. Esto emerge de un continuo bombardeo mediático que incluye mensajes sexualizados en edades tempranas, incluyendo la música y los anuncios. De hecho existen investigaciones que señalan que los adolescentes que miran televisión con contenidos sexuales tienden a tener relaciones sexuales en edades más tempranas. Además las niñas que han mirado más de 14 horas de videos musicales por semana tienen mucho más parejas sexuales y tienden a ser diagnosticadas con enfermedades sexualmente transmisibles más frecuentemente (APA 2007, Collins 2004, Martino 2006). Por otra parte, los niños que han visto televisión con violencia sexual, incluyendo las violaciones, tienden a ser menos empáticos con las víctimas de la violencia (APA 1993, Wingwood 2003). 

4. El tiempo que pasa un bebé frente a una pantalla lo pone en riesgo de formar hábitos en el uso de la misma, es decir mientras más pequeños la usen más trabajo les costará apagarla cuando sean grandes (Christakis,2006). El uso constante de cualquier tipo de pantalla genera problemas de sueño, así como retrasos en el desarrollo del lenguaje, ya que pasen mucho menos tiempo en interacción con los adultos que les enseñan a hablar (Chonchaya 2008). Los niños menores de 3 años que ven mucha televisión tienen problemas con las matemáticas, menores resultados en el aprendizaje y son más susceptibles del “bullying” o bien de ser victimarios de otros compañeros (Pagani, 2010). Mientras más tiempo pasen con la pantalla desarrollan menos la creatividad, la solución de problemas y la capacidad de proponer alternativas (Moore, 2008) ). Además, los adolescentes con una televisión en el cuarto hacen menos ejercicio, tienen menos hábitos saludables, su desempeño en la escuela es peor que los que no la tienen, suelen tener sobrepeso, pero además conviven menos con su familia (Manganello, 2009).

5. Una infancia que crece “controlada por el control remoto de la televisión” está generando un nuevo trastorno mismo que se caracteriza por una deficiencia en la solución de problemas según Diane E. Levin, una investigadora reconocida en Estados Unidos por su trabajo acerca del impacto de los medios de comunicación en los niños y niñas pequeños. Ella señala que dicho trastorno se caracteriza por: 

– El aburrimiento de fácil aparición. 

– No se involucran en actividades estructuradas.

– No tienen creatividad e imaginación. 

– Experimentan dificultad para jugar de manera colaborativa con otros compañeros así como para resolver conflictos sin agresión. 

– Hacen mejor las cosas cuando se les dice que tienen que hacer. 

– Preguntan por nuevas cosas todo el tiempo, pero se aburren rápidamente cuando se les han dado (Levin 1998). 

En pocas palabras, es como un Trastorno de Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH) pero más complejo, ya que el trastorno en la resolución de problemas se caracteriza principalmente porque no pueden enfrentar y salir adelante en las diversas situaciones en las que deberán pensar y hacer, es decir es un atentado a la formación basada en competencias que no ha sido generado desde una base biológica como el TDAH, sino por un condicionamiento terrible del ambiente.  

6. La obesidad infantil es uno de los principales problemas de salud pública en Estados Unidos, de hecho ocupa el primer lugar en el mundo, pero esta se genera por varias causas: el sedentarismo que generan los medios de comunicación ya que los niños y niñas han dejado de hacer ejercicio, el continuo bombardeo de los medios de comunicación que les invita a consumir alimentos no nutritivos y que además engordan, y el uso de los protagonistas de las caricaturas y películas para que consuman los productos que engordan. 

Como se observa esta Campaña busca hacer conscientes a los padres, madres, empresas, consumidores y diversos actores políticos sobre los impactos que tienen los nuevos productos en la vida de los niños y de las niñas, asunto que no sólo pasa por dar a conocer las investigaciones sino que se fundamenta en la idea de que la infancia tiene derecho a vivir libre, a crecer en un ambiente que no los vea como objetos de consumo sino como sujetos en desarrollo en un ambiente libre de daños y de cosas que promuevan efectos adversos en ellos y ellas.

Si bien estas investigaciones responden a la realidad norteamericana, la pregunta es si  todo lo anteriormente descrito no está pasando ya en nuestro país, a lo que parto de la hipótesis de que sí, y para comprobarlo sólo expongo algunos indicadores de que el consumo de productos nocivos ya se da en forma indiscriminada en los niños y niñas mexicanos:

a) Si uno va a una tienda dominan los juegos violentos, mediáticos, en pantalla y que se caracterizan por el estímulo respuesta, de manera que los que son creativos, dependen de lo que el niño y la niña haga con ellos tienen a la disminución. Para ejemplo, los llamados “Legos”, antes eran sólo cuadros de colores, que el niño y la niña utilizaba para crear y construir, hoy los legos son sí cubitos para construir un objeto que ha sido prediseñado de antemano, una nave espacial que además es parte de una película, amén de que hay muchos video juegos y películas. Cualquiera pudiera decir que esto es una línea empresarial, pero no es así, puesto que las empresas producen lo que la gente consume, es un asunto de oferta y demanda. 

b) La obesidad es un problema de salud en México, ya que ocupamos el 4o lugar en obesidad  infantil en el Mundo y el segundo en los adultos, mientras que el 34% de las mujeres, y el 24% de los hombres la padecen, los niños y niñas que la sufren ascienden al 20% de la población total (OCDE, 2012). Es decir que sólo Estados Unidos se encuentra por encima de nosotros en relación a este problema en la infancia. 

c) Para el año 2009, 7.9 millones de niños y niñas de 12 a 17 años contaban con computadora e Internet, cantidad que ascendió a 8.7 millones en el 2010, siendo que para entonces el 94% de las y los mexicanos contaban con una televisión (INEGI, 2010). 

d) Para el final del 2010 se reportan más de 91 millones de usuarios de telefonía celular, con una densidad nacional de 81 usuarios por cada 100 habitantes. En una investigación realizada por Almanza y Ramírez de la UNAM en el 2011, se encontró que el uso más importante del celular es ver videos, escuchar música y jugar.   

e) Mientras que un país como España hay 700 puntos de venta de libros por municipio, un país que tiene 47 millones de habitantes, en México, en todo el país hay igualmente 700 puntos de venta distribuidos a todo lo largo del mismo con una población total de 113 millones de habitantes. Un maestro me decía que esto era porque “los políticos y los empresarios no querían gente educada y no los vendían”, yo lo que le decía es que es al revés, no se vende lo que la gente no pide, porque si se pone una librería y nadie lee, pues quiebra. 

f) Un estudio realizado por una empresa española señala que México es un país con un mercado de 31 millones de niños y niñas que pueden consumir sus juguetes, por lo que cuenta con un sector de oportunidad. Al analizar los gustos que la niñez mexicana tiene establece que el primer lugar lo ocupan los juguetes deportivos en un 39.4%, el segundo los muñecos en un 21.%, y  el tercero los video juegos en un 10.5%, y a partir del cuarto al décimo lugar, con una puntuación que va desde el 3% al 1.4% se encuentran la representación de roles, como ser mamá, cantante, brincar la cuerda, andar en bicicleta o patines, los juegos de mesa, los carritos y lo aviones, los trompos, canicas, baleros, rondas, y jugar con la mascota. Es decir que los juegos que implican el desarrollo de la creatividad, la solución de problemas y la representación simbólica por sí mismos baja considerablemente, ya que aunque el segundo lugar lo ocupan los muñecos, existe una preferencia de género por las mismas. Afortunadamente los deportes siguen siendo el número uno lo que implica una oportunidad para el desarrollo de la psicomotricidad y la resolución de problemas, pero el juego como antiguamente lo conocíamos va en descenso.  Cualquiera pudiera decir que todo lo que sucede en la actualidad no es más que la evolución histórica del aspecto lúdico del ser humano, sin embargo existe un problema serio ya que la pantalla como tal no desarrolla todas la habilidades de pensamiento que se requieren impulsar a partir del uso multimodal de todos los sentidos al mismo tiempo, no sólo la vista y la coordinación motora fina (ojo -mano) que pica los botones, sino lo que implica moverse en un espacio en tres dimensiones con la percepción del mismo, así como la manipulación de la representación simbólica de un rol en tiempo, forma y la oportunidad que se modifica por la interacción que uno crea, propone e inventa, sin que aparezca la condición establecida por el video juego en el que se participa. 

Cabe señalar que si bien existen juegos más complejos que invitan a construir ciudades, granjas, pueblos o seres y biológicos no existentes, mismos que son fascinantes, estos casi no son conocidos por la mayoría de las personas, pero además están diseñados para edades mayores en las que ya se han desarrollado las habilidades espaciales y el esquema corporal necesario para moverse en el ambiente, asunto que no se desarrolla plenamente hasta después de que se ha alcanzado el tamaño real que se tendrá a lo largo de la vida, prácticamente hasta después de la adolescencia, porque en la medida que el sujeto crece identifica la relación entre su cuerpo y el espacio en el que se encuentra, calculando su paso, las dimensiones de los objetos y del lugar en el que está. Un ejemplo de esto es identificar cómo los adolescentes se vuelven mucho más torpes cuando dan el famoso estirón ya que no han aprendido a calcular su movimiento con sus nuevas dimensiones.   

Por lo tanto, la problemática norteamericana que va más allá de la evolución tecnológica natural, tiene que ver con el consumo de diversos productos que pueden ser nocivos para el desarrollo y formación de los niños y las niñas, mismos que también son nuestros.

Hablar del consumo implica necesariamente identificar que éste es un acto de voluntad, inicia por el sujeto que compra. No obstante, cualquiera pudiera decir que el problema es de quién lo vende, de aquel que produce los objetos que tienen características que deforman al sujeto que lo consume, y si bien es parte de la verdad, esto es un proceso relacional y recursivo: el que vende, vende lo que se vende y no lo que no se vende, porque si no quiebra. Por otra parte, el que compra, compra lo que le venden, círculo vicioso que se debería terminar por la conciencia, por la decisión informada, por la gestión de Campañas que como esta que se realiza en Estados Unidos, difunda ampliamente las investigaciones sobre lo que sucede con estos “nuevos juguetes y productos” que están dañando a la infancia sin saberlo, pero además que busca concientizar a la sociedad que los niños y niñas no deben ni pueden ser visualizados como los mejores consumidores, los más atractivos, los mejores sujetos de compra, sino como seres en desarrollo, en formación que deberán aprender a tomar decisiones informadas y conscientes sobre lo que consumen y compran. 

Aquí emerge la pregunta ¿cómo empezar con un cambio? Creo que hay varias cosas que se pueden hacer, porque lo importante no es tampoco caer en el oscurantismo que prohíbe el uso de las cosas, ya que a lo largo de la historia la prohibición genera deseo, el deseo consumo con culpa, la culpa, ansiedad, y la ansiedad avidez, y vuelta a lo mismo, lo que se prohíbe se vuelve codiciado y más consumido.  

Más bien la idea es educar para libertad, educar para la toma de decisiones consciente y responsable, lo que no implica dejar que los niños y niñas hagan lo que quieren libremente, sino más bien que aprendan a elegir haciéndose responsables de las decisiones que se han tomado y siendo conscientes de las posibles consecuencias de su acción. Esto impone un reto, porque imaginemos un escenario, la niña pide una Barbie, el inicio del estereotipo de género de la mujer que además no existe, el niño solicita un videojuegos de esos en los que es el jugador corta cabezas por si mismo, es decir no es como en las películas en las que se puede ver que es el protagonista el que lo hace, sino que en este juego es él mismo el que aprieta los botones constituyéndose el verdugo… ¿Qué se hace frente a esto? ¿Se le trae a ambos su regalo de Santa Claus o Reyes Magos porque lo han pedido en todo su derecho navideño? 

Esto no es un problema simple, porque está eligiendo lo que ve, lo que le venden, lo que se encuentra en su entorno pero que a su vez es comprado por los padres y madres que consensan con el niño o niña, ya que decirles que no en la actualidad puede ser visualizado como algo que atenta contra sus derechos, contra su libertad.  

Aquí lo importante es llegar a la médula del asunto, si el fundamento en el que se basa el consumo es la voluntad de compra, lo que se debe educar es la voluntad, como capacidad para tomar decisiones en diversos contextos utilizando al mismo tiempo la persistencia para lograr el objetivo, el control del impulso, el saberlo postergar para después lograr lo que se desea en el momento, actuando e identificando la meta y el resultado que se alcanza poco a poco.  Los estudios neuropsicológicos actuales establecen que la voluntad es una capacidad cerebral que cuenta con una localización específica en los prefrontales, la parte que se encuentra detrás de la frente, que es de las últimas en desarrollarse en el encéfalo, y que el autocontrol como parte de la misma, y como capacidad para regular las propias emociones, se va desarrollando con la edad, es decir de manera gradual, de tal forma en que es la madre, padre, tutor o quién lo educa, quién se vuelve en un regulador externo hasta que el niño o la niña sea capaz de hacerlo por sí mismo. Por ejemplo cuando el niño o niña llora porque tiene hambre y la madre lo atiende, es la acción de responder por parte del adulto la que desarrolla la capacidad para regularse, así la relación: lloro me hacen caso, establece un nexo: si necesito algo me lo dan, en la medida en que el adulto atiende, el pequeño aprende a regularse. Entonces el hecho de satisfacer la necesidad básica inicial marca un comienzo en el autocontrol, es el inicio de la puesta de límites. Cualquiera diría, pues hay que tardarse en atenderlo, para que aprenda a aguantarse, pero esto es contraproducente, porque existe un juego de neutrotransmisión en el que cuando la necesidad es satisfecha se produce dopamina, que es el neurotransmisor encargado del placer y de la creatividad, de manera que cuando algo se logra, se desata una sensación satisfactoria por lo cual se busca volver a repetirla. Dicha sustancia interviene en los procesos de motivación y paradógicamente también de la adicción, porque el aprendizaje inicial cuando se es bebé es que lo que uno quiere se puede alcanzar, y cuando esto se logra se siente uno bien. Por el contrario cuando no se alcanza el deseo, aparece la noradrenalina, la sustancia que se encarga de preparar el cuerpo para la acción en situaciones de stress (ataque, peligro) lo que genera sentimientos de ira, ansiedad y frustración (Frade, 2011). 

Desde esta perspectiva cabe la pregunta ¿cómo se educa la voluntad? La voluntad se educa desde que los niños y las niñas nacen y comienzan a llorar para dar cuenta de sus necesidades hasta que los cuidadores (padres, madres, tutores) acceden a ello y lo hacen. De inicio éstos van regulando y controlado las necesidades de los niños y las niñas, son sus “reguladores externos”, así en la medida en que adquieren autonomía van aprendiendo a regular y controlar esto por sí mismos. Para cuando los niños y niñas cumplen entre 2 y 3 años, descubren que son sujetos independientes del regulador, y comienzan a tomar decisiones por sí mismos, aprendiendo a decir “NO”, quieren hacer lo que se les ocurre y comienzan los berrinches. Es en este momento en que los adultos comienzan un proceso crucial en el desarrollo de la voluntad, porque si se les deja hacer lo que quieren desatarán de manera fácil a la dopamina, lo que implica que desarrollarán muy poco la voluntad, ya que no aprenderán a postergar la necesidad hasta el logro del objetivo que les generara la sensación de placer, pero por el otro lado si no se les deja y no hay procesos de negociación posible, siendo que el adulto se impone y a todo les diga que no, no tendrán voluntad propia, el aprendizaje es haga lo que haga, no gano nada.  

Aquí el asunto es identificar cuándo decir sí, cuándo decir no, y cuando dejar que ellos y ellas decidan de manera libre y sí logren el objetivo.  

Por regla general hay una triada: 

1. Actividades prohibidas aquellas que ponen en riesgo la vida y las de los demás, así si el niño o la niña hacen un berrinche porque quieren jugar con el cuchillo pues obvio que la respuesta es un no rotundo. 

2. Actividades ampliamente permitidas, como cuando quieren leer cuentos. 

3. Actividades negociables como ver la televisión, de manera que su uso quede regulado por una serie de normas con las que aprendan a utilizarla sin que les haga daño, como un tiempo determinado (menos de 2 horas al día), así como que la vean toda vez que hayan realizado sus deberes, como la tarea, y la ayuda que requieren hacer en casa. 

Es partir de esta triada de regulaciones externas que los niños y las niñas van educando su voluntad, identificando que existen actividades que no podrán hacer no por un autoritarismo sin sentido sino porque no se puede hacer daño a nadie, pero también que pueden negociar aquello que desean hacer.   

Pero esta triada de negociaciones se vuelve compleja en Navidad frente a la esclavitud del consumo del juguete a la que hemos llegado en la que los niños y niñas más que ser sujetos en formación y en desarrollo son actores de compra, porque es la época del “cumplimiento del deseo”. ¿Qué podemos hacer si piden juguetes no deseables? Desarrollar varias estrategias que le permitan visualizar otras opciones, otros regalos, otras posibilidades, de manera que la piensen mejor, pero si continúan en su afán, habría que poner ciertos límites.  Esta es la parte más difícil, porque en esta sociedad ultraliberal los niños, niñas, adolescentes y jóvenes han sido educados bajo el falso supuesto de que pueden hacer lo que se les viene en gana, se piensa libres totalmente confundiendo la libertad con el libertinaje, así si rayan paredes tienen derechos, pero además los educadores piensan falsamente, que sí les dicen que no, los van a traumar, lo que deja fuera el desarrollo de la voluntad y de los circuitos dopaminérgicos y de la noradrenalina que conlleva, puesto que el principio fundamental de que la libertad termina en dónde empieza la del otro, no es visualizado, ni en su concepción ni en la acción cerebral más básica.  

Entonces el asunto es que además de las opciones de compra hay consecuencias y límites, lo que implica decir que sí pero con ciertas condiciones, o bien bajo el principio de que se deberán llevar a cabo otras actividades mediante las cuáles se contra resten los efectos no deseados, o simple y llanamente si se observa que lo que se ha pedido es totalmente dañino, pues hay que decir no y punto. 

Por ejemplo, una vez en el contexto de un taller de situaciones didácticas se presentó la discusión entre los docentes de que para desarrollar competencias era necesario que todas las iniciativas vinieran de los niños y de las niñas, porque si no las actividades eran demasiado dirigidas, entonces yo cuestionaba que el papel del docente era igualmente relevante en términos de su intervención para mediar hacia arriba, llevar hacia espacios no imaginados por el niño y la niña, crear demandas más complejas, y ponía como ejemplo la pregunta: ¿qué harían si un niño de dos años quiere meter los dos dedos en el enchufe de la luz? Una maestra me decía, pues lo dejo… para que él sólo aprenda y lo descubra, a lo que otras respondieron: “O sea lo dejas que se muera del shock eléctrico que le va a dar”… El asunto es que hay momentos en que el adulto tiene que poner límites y decir que no aunque el deseo del niño o niña sea un juguete… 

En este contexto, educar para la libertad en la era de la esclavitud del consumo es un proceso que inicia desde el desarrollo cerebral en el que intervienen circuitos de neurotransmisión que afectan las sensaciones básicas por las que se regula la voluntad, hasta que se da una libre elección que es capaz de visualizar las consecuencias, las condiciones de la opción, así como la conciencia de lo que implica, y que esto necesariamente deberá llevar a una toma de decisiones que parta de una autoregulación y un autocontrol frente a los eventos que se enfrentan, capacidades que se logran cuando los adultos ponen límites, actuando así como reguladores externos mientras el niño o niñas aprende a hacerlo por sí mismo, identificando que lo que pide un niño o niña sólo deberá brindársele cuando no sea nocivo, de ahí la necesidad de identificar los riesgos y peligros que conllevan los productos que se consumen desde antes de que los niños y las niñas deseen comprarlos.

Esto nos lleva a visualizar que educar para la libertad es un proceso que emerge de la relación entre el sujeto menos experimentado y el que lo está más, ya lo decía Vygotsky, pero que es en esta relación donde se gesta realmente la capacidad de ser libres. ¡Qué paradoja! Somos libres porque los otros intervinieron para que lo lográramos.  

Entonces educar para la libertad en la era de la esclavitud del consumo no implica necesariamente la prohibición del producto que se vende, implica la conciencia de los padres, madres y tutores de su papel en el aprendizaje de la capacidad base, la voluntad, misma que genera el autocontrol y la autoregulación necesarios para actuar en el ambiente de compras del Siglo XXI porque al hacerlo lo que están haciendo es redirigir la oferta de quién vende a través del establecimiento de la demanda, sólo compraran lo que sí deben producir las empresas.  

No obstante, esto no es suficiente porque el ambiente en el que se encuentran los niños y las niñas puede ser demasiado atrayente para establecer los mecanismos de control que permitan generar opciones más satisfactorias, como cuando uno busca juguetes educativos en las tiendas y ya no los hay porque no hay quién los compre, ya que la venta está dirigida por la compra, se vende lo que se compra. Desde esta visión, emerge la necesidad de acciones múltiples, la organización de los consumidores para exigir mejores productos para los niños y para las niñas, asunto que también es otra forma de redirigir la oferta de los productos que venden.

En suma, la Navidad se convierte en una magnífica oportunidad para educar en la libertad en un contexto de consumo por voluntad pensante, lo que impacta a la larga el más profundo concepto de defensa de la alegría que estas fiestas implican, en las que más que buscar la satisfacción superficial inmediata de los deseos debemos pensar en impulsar una felicidad cuya característica principal sea una plenitud que se alcanza poco a poco por la articulación de todas las dimensiones de lo humano, la elección libre que implica pensar sintiendo lo que se hace en el presente con miras a vivir bien en el futuro.  

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-Linn S. (2004), Consuming Kids, The hostile takeover of childhood, The New Press, New York. 
-Kaiser Family Foundation (2003), Electronic Media in the Lives of Infants, Toddlers and Preschoolers, Menlo Park, CA.  
-Martino S. C. et al (2006) Exposure to Degrading Versus Nondegrading Music Lyris and Sexual Behavior Among Youth, Pediatrics, 118, p.430-441. 
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Páginas web utilizadas: 

Nota varios de los artículos citados provienen de esta página web. 

Sabías qué…  

El cerebro es un órgano que se desarrolla por la estimulación del medio ambiente pero también por la respuesta pensada que el sujeto realiza, por lo tanto lo que se haga desde fuera impacta directamente el crecimiento de las capacidades con las que cuenta. Es decir que es un órgano profundamente interactivo. 

Una de las capacidades cerebrales es la voluntad, si esta no se ejercita no se desarrolla, pero su ejercicio no depende de hacer lo que uno quiere, sino de autocontrolar la emoción para lograr la meta propuesta, así como de regular los pasos para que se alcance poco a poco lo que se desea. 

Desde esta perspectiva, el niño o la niña que crece en un ambiente en el que su juego parte de diseñar, planear, ejecutar y crear la estrategia, desarrollará mucho más su potencial que aquel que sólo desarrolla la capacidad de responder frente a estímulos que han sido previamente dirigidos por un actor externo. 

Estas capacidades abarcan todas las habilidades con las que cuenta el cerebro, desde la posibilidad de recibir las múltiples sensaciones que se encuentran en el entorno (ver, oír, gustar, palpar, medir, oler) hasta su procesamiento, organización, y control del sujeto sobre las mismas en objetos que tienen tres dimensiones, ya que el fondo, el largo y el ancho, se tocan, y es partir de que el sujeto recibe toda esta información como puede manipular, planear, crear, e impactar el ambiente, proponiendo y planeando su acción sobre el mismo. 

Es decir que la voluntad como capacidad neuropsicológica que fundamenta el ejercicio de la libertad no se desarrolla en ambientes en los que el sujeto no toma decisiones más complejas en las que tenga que identificar causas y consecuencias, impactos de corto, mediano y largo plazo, así como ciertos límites con los que descubra que efectivamente hay muchas cosas que no podrá ni debe hacer por que existen los otros además de consecuencias que pueden dañarlo directamente. 

De ahí la necesidad de establecer una relación con los adultos más experimentados que se convierten en sus reguladores externos de manera momentánea mientras que ellos y ellas logran desarrollar sus propias capacidades.  

Tips del mes

1. Construye un ambiente de libertad en el aula, mismo que no pasa por definir un reglamento autoritario sino por la identificación de tres tipos de actividades: ampliamente permitidas, negociables y estrictamente prohibidas, así como existen en la sociedad. 

2.  Aprende a satisfacer las necesidades de tus estudiantes, identificando que al hacerlo se desatan mecanismos de satisfacción interna que llevan a la motivación y con ello a la construcción de la voluntad que invita a hacer algo, a tener iniciativa, a querer participar, asunto que resulta en la base para resolver problemas evitando así el nuevo trastorno que se avecina: la total incapacidad para resolver por falta del juego real, que no virtual. 

3. Crea situaciones de juego interesantes en el salón, juegos en los que tengan que utilizar todas sus capacidades, todos sus sentidos, y en aquellos en los que deban involucrarse para diseñar, planear, manipular, ejecutar, resolver y terminar la acción. 

4. Genera situaciones didácticas en las que los estudiantes toquen, jueguen y aprendan, tal y como dice el Museo del Niño. 

5. Invita a los padres y a las madres a impulsar el juego creativo, el uso de juguetes que lleven a la construcción, imaginación y propuesta en lugar de a la dirección por parte de la pantalla.   6. Conoce los videojuegos que más que promover una acción teledirigida llevan a construir, como los que invitan a los niños y niñas a construir ciudades, pueblos, granjas, y sí has de promover la tecnología en el aula, que sea esto lo que se promueve y no los que son violentos. Dalos a conocer a tus estudiantes para que desarrollen mucho más habilidades de las que desarrollan los juegos simples. 

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