La sincronía, el eslabón perdido entre la naturaleza y la cultura en la educación

La sincronía, el eslabón perdido entre la naturaleza y la cultura en la educación

Vol.: 12, 2019/06

Calidad Educativa Consultores S. C., te envía el artículo número 62 con el título: “La sincronía, el eslabón perdido entre la naturaleza y la cultura en la educación”, cuya intención es aportar a la construcción de una aproximación compleja en este ámbito, dado que normalmente se le identifica como algo netamente social, cuando no lo es, porque una de las únicas disciplinas del conocimiento humano en la que se vinculan ambos aspectos, tanto lo biológico como lo social de una manera real es la educación puesto que desde su origen existe un vínculo que cuando se establece el primero se logra el siguiente. El presente ensayo identifica cual es el principio de esa articulación y contribuye a eliminar la perspectiva reduccionista que se observa cuando se limitan los aspectos educativos a los ámbitos estrictamente sociales.

El artículo inicia por determinar el problema epistemológico que existe por la separación entre la dimensión natural y la social, para luego identificar el origen de la articulación entre ambos ámbitos del conocimiento por la observación de un hecho fundamental, cómo desde el nacimiento se genera el vínculo que permite que los niños y niñas se relacionen con el cuidador (madre, padre, tutor) que los atiende mediante la producción de las hormonas de oxitocina y vasopresina y como al hacerlo se posibilita que se genere el aprendizaje, que en todas sus formas depende de la socialización inicial que se logre. 

Como siempre les invitamos a distribuir este artículo de manera libre entre sus amigos y conocidos, siempre y cuando se cite la fuente y señalando, además, que estamos abiertos a sus sugerencias, recomendaciones y críticas.

La sincronía, el eslabón perdido entre la naturaleza y la cultura en la educación

Dra. Laura Frade Rubio

Resumen ejecutivo

El objetivo de este artículo es analizar la separación entre la naturaleza y la cultura y cómo este proceso de simplificación en la construcción del conocimiento impacta la educación generando ciertos mitos y creencias que impiden observarla con todo lo que es, una dinámica compleja que abarca lo natural y lo social al mismo tiempo. Para hacerlo se analiza el principio, el “arché”, sistema educativo original que se establece en la relación madre-hija/hijo y con ello el intercambio molecular que se lleva a cabo a partir de la oxitocina y vasopresina que implica el desarrollo y la construcción de la capacidad de los seres humanos para relacionarse en una sociedad con una identidad y pertenencia a partir de la sincronía como la capacidad para satisfacer las necesidades educativas en tiempo y forma. Se concluye con la descripción de los impactos que implica la observación de las condiciones, componentes y características sistema educativo original y su impacto en la educación actual. 

Palabras clave: vinculo naturaleza – cultura, educación y complejidad, relación madre-hija/hijo, sincronía. 

Executive Summary

This document analyzes the impact of the separation between nature and culture as a result of the paradigm of simplification in the construction of knowledge which impacts education. This separation generates certain myths and beliefs that prevent the visualization of the complex dynamic that covers the natural and the social dimensions at the same time. We start by analyzing the principle, the “arché“, in original educational system that is set in the mother-daughter/son relationships by which a molecular exchange is carried out with the oxytocin and vasopressin neurotransmitters that impact the building capacity of the human beings to interact in society developing the identity, filial belonging which forms the synchronicity as a capacity to meet the educational needs in time and form. The main conclusion is the description of an original educational system its initial conditions, components which features and impacts education as a whole.

Key words: nature-culture relationship, complexity and education, mother-child synchronicity.

Introducción

A partir de la separación de la naturaleza y de la sociedad emergen varios mitos en la educación, mismos que como tales impiden su desarrollo y consolidación en un mundo cada vez más complejo. El presente articulo busca establecer la relación entre la dimensión natural y sociocultural de la educación a partir de la observación del principio, del origen, “del arché”, de la misma que se identifica en el sistema que la produce de inicio: la relación madre-hija/hijo; de la cual emerge la noción de un adulto más experimentado y otro que lo está menos (Vygotsky, 1995) o bien de un educando un educador como lo decía Freire (1981), ya que ambos al relacionarse establecen un vínculo que va más allá de la sola construcción o transmisión cultural, implica la construcción de la identidad, la filiación y con ello la pertenencia a una sociedad.

     La hipótesis a comprobar es que en la educación no puede haber separación entre la naturaleza y la cultura, que ésta como un proceso de reproducción sociocultural que garantiza que las nuevas generaciones construyan y adquieran los instrumentos y herramientas que les permitirán salir adelante en el mundo futuro que les tocará vivir, conservando lo que desean al mismo tiempo en que lo transforman implica desde su origen la dimensión natural, y que es a partir de esta relación natural que la sociedad se construye a partir de un proceso educativo que emerge, como veremos más adelante, de la sincronía, es decir de la capacidad de satisfacer las necesidades de aprendizaje que los educandos tienen en un momento histórico determinado.

Partiremos de la observación de que la separación naturaleza –cultura en la educación emerge del paradigma de la simplificación, para luego continuar con la construcción del puente entre ambas dimensiones mediante la observación del paradigma de la complejidad y su definición, identificando cómo se organiza la educación desde el origen generando un sistema que desde las condiciones iniciales en las que se configura conserva los mismos elementos y características y cómo éstos se observan en la sincronía biológica que se origina en la relación madre hijo siendo que a partir de ellas se retoman lecciones aprendidas para la educación. 

Educación y simplificación: separación, separación…

A partir de la publicación del Discurso del Método en 1636, los descubrimientos de Newton que aparecieron entre 1660 y 1700, y de la Ilustración en el Siglo de las Luces, el XVIII, se va construyendo y estableciendo el paradigma de la “ciencia clásica”, cuyas características principales el establecimiento de la razón como única fuente de construcción del conocimiento, la búsqueda de las causas a partir del análisis de los efectos, y la separación entre la naturaleza y la sociedad, entre la naturaleza y la cultura, las ciencias naturales y las ciencias sociales.

     Esta separación conlleva a observar a los seres humanos como objetos de conocimiento con dos dimensiones, lo natural no es social, lo cognitivo no es afectivo, lo educativo no es natural, la historia del ser humano comenzó con la escritura, la historia es sólo social, aprendimos a ver la vida en partecitas, construimos sobre una separación que emana del paradigma de la simplificación que como bien lo decía Edgar Morin es: “el conjunto de principios de inteligibilidad propios de la cientificidad clásica que unidos unos con otros producen una concepción simplificante del universo (físico, biológico, antroposocial)” (Morin, 1984, pág. 358).

     Este proceso de simplificación del proceso educativo se ha llegado al extremo de señalar que los docentes ya no serán necesarios, que serán sustituidos por la tecnología, que ya no es necesario dar explicaciones porque esto es conductista, que se deben generar procesos de construcción mediante otras estrategias, que la gente puede aprender sola, que lo importante no es la enseñanza, es más que la didáctica ya no existe.            

Este conocimiento en partecitas nos ha llevado a observar la educación como un proceso separado de la naturaleza. Históricamente, ésta se ha conceptualizado como el proceso de reproducción social de la cultura, es la transmisión de los conocimientos adquiridos por una generación mayor hacia la menor, y sí en algún momento de la historia, la propia cultura lo permite, se incluye también la transformación social. Es decir que algunos pueblos sólo han transmitido aquello que conocen al momento y son más conservadoras, mientras que otras permiten el cambio. El asunto es que independientemente de esto, la educación se conceptualiza en el ámbito de la dimensión social.

La separación de la educación del mundo natural trae varias consecuencias a la fecha, en primer lugar que no se observe la dimensión biológica del ser humano dentro de la misma, que se llegue a exclusiones significativas de la misma en sus conceptualizaciones y en sus mecanismos de operación. Como cuando no se observa el desarrollo de los niños y niñas en el preescolar, porque “ya no se usa”, o bien como cuando se dice que “el conductismo” que identifica la base neurológica del aprendizaje no se debe utilizar para educar porque crea “robots”, o cuando se señala que la discapacidad es una construcción social que emana de una diferencia que en realidad no existe.

     En los tres casos lo que se identifica es una separación contundente del ser humano en dos partes: lo que se considera natural y lo que se considera social. El asunto es que no hay aprendizaje sin desarrollo, como tampoco hay desarrollo sin interacción social, hoy se sabe que el cerebro, y sus capacidades, como el lenguaje por ejemplo, no se desarrolla sin los otros, sin la existencia y relación con los demás.

     De la misma manera, si bien es cierto que la educación no se puede basar en brindar un estímulo para esperar una respuesta, nadie puede negar que la base neurológica exista, que las neuronas funcionan en su nivel más bajo de operación por estímulo respuesta y que la red de éstas y sus conexiones son la base de la operación de la corteza cerebral en la cual se encuentran múltiples capacidades (sensación, percepción, atención, memoria, razonamiento, consciencia, lenguaje, e incluso la capacidad de relacionarse con los y las otras). De hecho, las redes sinápticas que se construyen entre neuronas permiten la regulación de la conducta, así mientras que el circuito de recompensa, el de la dopamina produce la motivación, el interés y con ello el placer que se deriva, el circuito de la inhibición lo controla, y son ambos la base neurológica que hay que educar para que el sujeto aprenda a tomar decisiones adecuadas en el contexto que enfrenta haciendo uso de la razón (Frade, 2014). Es decir no hay separación entre los procesos cognitivos y los procesos racionales como bien lo decía Vygotsky en 1931 y Moran en 1988.

     Así también la observación de que la discapacidad es sólo una construcción social que implica la construcción de barreras sociales hacia quién la tiene, no identifica que existe una diferencia biológica que lo originó, y que está genera desventajas adaptativas para quién la tiene y que por lo mismo se debe impulsar que el sujeto las supere para salir adelante en el contexto que enfrenta, lo que no quiere decir que la sociedad debe impulsar la eliminación de las barreras sociales al mismo tiempo que posibilita que el sujeto con discapacidad aprenda a vivir con ella, en la resiliencia, y en la superación de la misma (Frade, 2011).            

Además de las separaciones anteriores, la observación de la educación como un asunto netamente social ha implicado concentrarse en la observación de una sola de sus dimensiones, la transmisión cultural que implica educar exclusivamente la construcción y la adquisición del conocimiento, olvidando con ello la educación social, valoral, afectiva e incluso motriz del sujeto. Así cuando se habla de que la educación debe modificarse sólo se identifica el contenido cognitivo a educar, y si se piensa en el resto de las dimensiones, éstas se observan desde una construcción racional de los mismos, así las emociones, sentimientos, valores y normas se educan por definición, análisis, conceptualización, memorización, fuera del contexto en el que los sujetos actúan. El resultado es simple: se sabe qué es, cómo se llama, pero no se vive y actúa con valores éticos en la vida en condiciones de alta autoestima y afecto por los otros. Es decir que existen consecuencias de la separación: naturaleza cultura, así como disciplinar: la biología es independiente de la sociología, y ésta de la psicología.

     Esta serie de separaciones conllevaría a identificar que lo que debemos cuestionar de inicio es el paradigma de la simplificación, dejando atrás los procesos analíticos a partir de los cuáles se construyen disciplinas que emergen como las rectoras del saber y de la producción del mismo, para hacerlo deberíamos construir otro paradigma, el paradigma de la complejidad mismo que Morin define como: “…el conjunto de principios de inteligibilidad que unidos, los unos a los otros podrían determinar las condiciones de una visión compleja del universo (físico, biológico y antroposocial)”. (Morin 1983, pág. 358). Con esto se está refiriendo a que tenemos que cambiar la manera en que pensamos al observar el objeto de conocimiento a partir de construir axiomas, principios y reglas que nos llevan a organizar la información de cierta forma y no de otra, generando separaciones y no uniones que permitan comprender el mundo real, lo que existe más allá de cómo lo observamos y construimos los seres humanos a la fecha.

Complejidad y educación: el “arché”

Una manera de hacerlo es la que él propone en sus libros del Método, en los que a partir de la observación de cómo se originó el universo, en lugar de analizar las partes del todo, comienza por hacerse una pregunta: ¿cómo se organiza el universo? Esto implicaría observar el objeto de conocimiento a partir este principio.

     Tomando en cuenta lo anterior, cabría la pregunta, ¿cómo se organiza la educación? Si observamos el principio arcaico, el “arché”, el origen de todas las cosas como lo diría Aristóteles, en la educación todo inicia a partir de observar dos partes o actores que interactúan para generarla, siendo que la primera relación que se identifica es la madre y la hija/hijo, que desde el nacimiento se articulan en una diada que establece una interacción que inicialmente es dependencia pero que busca continuamente la autonomía, y en la que la primera enseña y la/el segundo aprende, una está más experimentada y el otro lo está menos como lo diría Vygotsky (1995), existe entonces un educador y un educando como lo señalaba Freire (1981).            

Esta diada cuyo origen es netamente biológico, es un sistema con dos elementos (madre hijo/hija, educando-educador) en interacción y retroacción continua que se organizan en una relación que emerge de la reproducción de la especie en un contexto ambiental natural y social al mismo tiempo y a partir del cual se determina lo que la primera hará con el segundo: en qué medida y cuándo lo alimenta, lo protege del frío o del calor, qué tipo de lenguaje, culturas y tradiciones le enseña, cómo se debe comportar, qué está permitido y qué no. Esta relación constituye el sistema original que se forma en un entorno del cual emerge el contenido a educar, puesto que toda madre educa para que se viva en una condición cultural determinada, depende de un ecosistema concreto contexto socio histórico que se ha construido y desarrollado específicamente en una localización geográfica que lo delimita, ya que es a partir de éste que se determina que se debe aprender-enseñar.

     Así los esquimales educan a sus hijos para vivir dentro de ese medio ambiente, de esa cultura, de esa sociedad, aprendiendo a hacer lo necesario para sobrevivir al mismo tiempo en que se les transmite la cosmovisión del mundo, como también lo hacen los pueblos del Amazona con los suyos. Bien lo decía Niklas Luhman es el entorno le da forma al sistema social que se produce en el mismo (Luhman, 2007). Este sistema madre-hijo es el inicio de la sociedad, cuenta con un pie en la naturaleza y otro en la sociedad y en la cultura, establece la frontera entre el mundo natural y el mundo social.

     El acto de maternar, la acción de procrear una hija o hijo que crece dentro de una madre con la cual establece un nexo total de inicio, impacta directamente el desarrollo neurológico de los niños y niñas a lo largo de la vida a partir de que se establece una relación sincrónica entre ambos. Ésta se define como la dinámica mediante la cual los sistemas hormonales, fisiológicos y de comportamientos son intercambiados entre madres/padres e hijos durante el contacto social a través de la experiencia diaria en la que ambos se ajustan a ciertas gestos y claves que permiten la construcción de los nexos que permitirán las relaciones sociales; siendo que ambos participan activamente en una diada de transacciones que sirve para regular el afecto en el corto plazo y en el establecimiento de las relaciones sociales en el largo plazo. Lo anterior, puesto que se conforman las áreas del cerebro que son dependientes de la experiencia como las estructuras corticales y subcorticales límbicas que regulan los estados emocionales (Cirruli, Berry y Alleva 2003).

     Esto se identifica, entre otros aspectos, en los procesos de desarrollo emocional mediante la liberación de ciertos neuropéptidos como la oxitocina y la vasopresina que se generan en ambos, tanto en la madre como en el hijo/hija, en el núcleo paraventricular del hipotálamo y en el núcleo supra óptico del mismo que se encuentran en el cerebro y que se proyectan hacia la región límbica como el hipocampo y la amígdala, el núcleo estriado, núcleo accúmbens, el locus coroleus, así como a la médula espinal, generando la conexión que permite regular el comportamiento del sujeto al constituirse como neurotransmisores y neuromoduladores que activan los mecanismos de recompensa en el cerebro, es decir la liberación de la dopamina, lo que se identifica como el circuito dopaminérgico.            

Este circuito que se puede observar como un sistema por la interacción de las partes en un todo que produce la sensación de placer, afecta la motivación, el establecimiento de la cercanía con los otros, así como el comportamiento maternal del cuidado y en el caso masculino el de la agresión y la protección. Por tanto, la oxitocina como la vasopresina son importantes en la formación de la memoria social que se requiere para discriminar a los miembros de la familia, construir la filiación y el reconocimiento social de los mismos, y que va desde el desarrollo de la teoría de la mente (la interpretación de los estados de ánimo de los otros a partir de los gestos y expresiones que se requieren para el reconocimiento individual) y finalmente la formación del nexo entre el sujeto y los demás (Lim y Young, 2006). 

De hecho el sistema madre-hijo/hija cuenta con una fisiología interrelacionada, coordinada y mutuamente regulada lo que produce un resultado que los impacta a ambos, es el contacto de piel madre-hijo después del parto el que regula la producción de oxitocina en ambos, lo que promueve la regulación de los sistemas socio afectivos de ambos posteriormente (Buckley, 2015).

     El sistema de la producción y circulación de la oxitocina provee el substrato neurohormonal para la construcción, establecimiento y sostenimiento de los nexos parentales, románticos y de filiación entre los seres humanos, misma que es estable a través del tiempo, entre los individuos, parejas, generaciones y en la transmisión, que además cuenta con marcadores genéticos entre padres e hijos, lo que permite generar una biosincronía en la respuesta cognitiva y la empatía entre los dos (Feldman, 2012).

     Tomando en cuenta este proceso se puede decir que este proceso de interacción neurobiológica establece la identidad, la pertenencia a partir de la filiación que se genera por la oxitocina que como molécula impacta los procesos de producción y transformación de las células entre sujetos a nivel interno, y a nivel externo por las relaciones que se producen y que es un puente entre la naturaleza y la sociedad que se construye en los seres humanos. Es más que la comunicación química que permite un diálogo entre las hormigas y las abejas porque no sólo se intercambia información sino que además se impacta la construcción de la relación, puesto que cuando este mecanismo se daña, no existe.

     Estudios recientes señalan que la relación madre-hija/o así como la calidad y cantidad de la atención que le brinda regula varias de las competencias que los vástagos tendrán en la adultez, entre ellas la capacidad para relacionarse con los demás, la habilidad para manejar el stress, la agresión e incluso la adición a ciertas sustancias (Pedersen, 2004).

     El mismo autor señala que, el desarrollo de los sistemas neuroquímicos mencionados (oxitocina y vasopresina)  que regulan la maternidad, la agresión y otros tipos de comportamiento social, se ven afectados por el cuidado maternal y paternal durante la infancia, incluso la pertenencia a un grupo social y cultura se ve afectado por estos sistemas, lo que implica que el abandono y el descuido comprometen la capacidad para mantener relaciones sociales y la cultura en la que se vive, y la falta de satisfacción de las necesidades de afecto impide la construcción de nexos y relaciones con los demás, lo que implica la pérdida de cohesión social y con ello de identidad en una sociedad.            

La sincronía madre –hijo y por el contrario la intrusión o intervención en exceso tienen resultados diferentes en los y las hijas. En un estudio realizado con 23 madres y sus hijos mediante el uso de la resonancia magnética funcional cuando veían videos de sus vástagos, así como la relación de la cantidad oxitocina en sangre, se detectó que las que son madres sincrónicas (las que responden en su oportunidad a la necesidad que observan) muestran una mayor activación del núcleo accúmbens que las que son intrusivas (las que se meten cuando no hay nada que se los pida) que la muestran más actividad en la amígdala derecha. El análisis de

la conectividad funcional demostró que las madres sincrónicas tienen mayor motivación, empatía, modulación de las emociones y la teoría de la mente para comprender a los niños y niñas lo que las lleva a tener una mejor organización a lo largo del tiempo y además cuentan con un mayor nivel de oxitocina en sangre, mientras que las madres intrusivas cuentan con un mayor desarrollo para la acción pero son más desorganizadas, lo que impacta la atención que brindan a los hijos e hijas (Atziel, Hendler, Feldman, 2011).

     De hecho de la sincronía o intrusión emergen dos valores éticos que pueden identificarse como antagonistas, contradictorios y necesarios para garantizar la sobrevivencia: el cuidado de los hijos e hijas y su protección. Mientras que lo primero busca atender las necesidades, para lo cual se les deja libres, pero se les vigila observando qué es lo que requieren para brindarlo al tiempo en que lo necesitan de manera oportuna, permitiendo la equivocación incluso como lección de aprendizaje aceptando así una actitud permisiva; lo segundo evita el riesgo, el peligro y el error a toda costa incluso hasta la exageración.

     Estos dos valores se pueden observar como una construcción social de género, así mientras la madre cuida, más permisiva, el padre protege, más autoritario. Sin embargo, en la medida en que los roles en la atención de los hijos e hijas se modifican, suele suceder que ya no se observen como femenino y masculino respectivamente, sino como dos acciones que pueden ser contradictorias y antagónicas al educar.

     En suma, que lo que hagan las madres para atender a los hijos e hijas desde el nacimiento afecta la construcción de su aparato afectivo y con ello sus relaciones sociales, existe un mecanismo netamente biológico que construye la identidad social entre los seres humanos, una molécula que interacciona por la relación entre ambos y que permite la construcción de los lazos que construyen la sociedad posteriormente.

     No obstante, si bien es cierto que la maternidad biológica es un hecho innegable e inapelable que corresponde a las mujeres a la fecha, y que como tal consiste en los procesos de embarazo, alumbramiento, lactancia y crianza biológicamente hablando, a nivel cultural la maternidad cuenta con diferentes construcciones sobre su rol en la sociedad en la que viven.

     Así mientras en algunas culturas las madres deben ser y se espera que sean tiernas y solícitas, en otras son autoritarias, distantes, y en general pueden brindar una atención de tiempo completo, de medio tiempo o de acción colectiva, es decir que no todas participan en la crianza de los hijos e hijas, y que incluso los hombres pueden participar en menor o mayor medida (Moore, 2009).            

Además, la función de amamantar se puede delegar en las nodrizas en algunos momentos de la historia, como en la aristocracia europea del Siglo XIX, y hasta e los animales en caso de necesidad (los tarahumaras permiten que los y las pequeñas sean amamantador por las cabras en casos extremos). Más aún, en otras los padres participan activamente y en muchas culturas las mujeres participan de la vida económica y política de manera activa, acceden a los recursos, a la caza, al trabajo y la producción de la tierra, aspectos que se podrían considerar propiamente masculinos, lo que en muchos casos las lleva a trabajar fuera de casa dejando a sus vástagos en otras manos (Moore, 2009).

     De hecho mientras las madres que viven en sociedades y culturas cuya sobrevivencia está en riesgo como las indígenas del Amazonas, o bien las del Subshara africano mismas que son ágrafas y que por lo mismo se concentran en cuidar a los hijos evitando los riegos, las que viven en culturas sedentarias y alfabetas le dan más importancia a la transmisión cultural que implica (Moore, 2009).

     Más aún, el mismo mecanismo de producción y distribución de la oxitocina se produce en madres que adoptan a los hijos e hijas, incluso algunas pueden llegar a amantarlos por la simple estimulación del pecho.

     Lo importante a tener en cuenta es que a partir de que nacen los hijos y las hijas, el acto de maternar y de paternar, por la sociedad en general, genera cambios estructurales en la corteza cerebral de los vástagos, y que existen transformaciones moleculares por la acción biológica (cuidado y protección) que construye las relaciones sociales en las que existen producciones y cambios a nivel molecular, es decir que para construirse la sociedad utiliza mecanismos biológicos y que estos interaccionan con la cultura.

     De hecho, algunos autores como Dunbar y Shultz (2007), señalan que la evolución del cerebro humano no se genera por la competencia tecnológica y sensorial que implica la construcción de herramientas, el conocimiento, la invención, la innovación en el ambiente, sino más bien por que desarrollan sociedades complejas que los obligan a interactuar desarrollando cerebro más grandes, es decir el énfasis de la evolución del cerebro humano está en las relaciones entre pares, son éstas las que dispararon el desarrollo evolutivo del ser humano.

     El vínculo biología y sociedad se demuestra entonces por la suma de las producciones, interacciones y transformaciones moleculares que se realizan entre progenitores y vástagos, a partir de la relación inicial que se genera en la maternidad como sistema inicial y original que se establece de inicio entre madre/hija o hijo, en términos de los embarazo, parto y puerperio, y que continua con el apoyo de la sociedad o cultura en la que se vive de acuerdo a las construcciones e interpretaciones de género que se llevan a cabo lo que afecta directamente el sistema de la oxitocina.            

El acto de maternar es tan complejo que no sólo impacta los procesos se supervivencia infantil por el cuidado que brinda la madre al alimentar, proteger y cubrir todas las necesidades básicas de sus vástagos, sino que también impulsa su desarrollo afectivo, cognitivo, motriz, lingüístico, social y cultural por la intervención que realiza durante los primeros años (Frade, 2014a). Esta relación inicial entre dos (madre-hija o hijo, o cuidador-cuidadora) es la primera sociedad que existe, emerge por la relación afectiva, por la comunicación que se establece entre ambos y por la construcción de un proceso autoreferencial, los niños y las niñas se construyen desde la total referencia a su madre al considerarse parte de ella, hasta que pueden identificarse como seres independientes de ella (Piaget, 1970) aspecto que se genera por la relación afectiva que se construye en su nivel más básico por el sistema de oxitocina.

Las lecciones aprendidas del “arché”

¿Qué se aprende del “arché” educativo, del origen, del principio? Podemos retomar varias lecciones:

1. La educación es natural y social al mismo tiempo no hay separación.

2. Esto implica observar un origen, un principio que identifica que para que la educación se de, debe haber un educador y un educando en una relación interactiva, existe un sistema original.

3. Esta relación inicial implica que el educador no es substituible por las máquinas, porque inhibiríamos el desarrollo y producción de la oxitocina misma que se genera para empezar por el tacto, por la sincronización de 5 sentidos que entran en acción con la madre, y a partir de lo cual se produce la construcción de la identidad, filiación y pertenencia a una sociedad.

4. El sistema se forma a partir de un entorno natural, social y cultural que le da forma, es a partir de identificar lo que rodea a la relación educando-educador que se establecen las metas educativas, sus procesos y sus resultados, se educa observando lo que deberá aprender para salir adelante en el contexto. Es decir que el sistema permanece mientras el contexto se modifica.

5. Para lograr responder al entorno por parte del sistema se requiere de la sincronía, como primera acción mediadora en el sistema educativo que consiste en identificar las necesidades de aprendizaje que deberán ser satisfechas por el educador en tiempo y forma, es cuando éstas se logran detectar a tiempo y en oportunidad que se logran mejores resultados. Observar la sincronía tiene varias implicaciones:

5.1. Identificar las necesidades del educando resulta en la acción fundamental, más que establecer reglas y principios como: partir de los conocimientos previos, no explicar, hacer todo por construcción, se debe partir de la pregunta: ¿qué necesita el educando para aprender? Y entonces dárselo… Esto implica observar la diversidad en la normalidad. Es decir que todos somos diferentes pero todos compartimos una base biológica que debe ser atendida. 5.2. Observarlo todo a la vez, la necesidad es total, integral, no se separa en partes, vale observar que las madres no separan el conocimiento del afecto vinculan todo a la vez en su acción y si bien esta no es una acción única de las mujeres, de la acción de maternar-paternar se observa un proceso totalmente holístico y complejo a la vez: cognitivo, afectivo, motriz, social y cultural al mismo tiempo, lo que implicaría vincular la acción educativa observando el desempeño total del sujeto en el contexto en que lo efectúa.

5.3. Intervenir cuando el sujeto lo necesita, cómo lo necesita, en sus condiciones para que lo logre, el principio es la satisfacción de la necesidad del sujeto que aprende y no el cumplimiento observación y cumplimiento de principios y teorías.

6. A partir de observar la relación educando-educador y la sincronía se identifica también que la didáctica como capacidad de construir la intervención necesaria para lograr la sincronía sigue siendo vigente, no se elimina es parte de la acción de educar.

Conclusiones

Si el principio original de la educación es un sistema conformado por dos actores: un educando-un educador, si éste se forma en un contexto que le da forma y es a partir de este que se construyen las metas, procesos y resultados que se deberán educar, el sistema educativo cuenta con dos estructuras: la conceptual que determina dichas metas y sus procesos de aprendizaje, y la operativa que es quién y cómo lo hace. Es partir de este sistema inicial que se construyen los subsiguientes, el salón de clase, la escuela, la supervisión, el sector, el sistema educativo nacional.

     Como todo sistema las condiciones iniciales de operación lo afectan posteriormente, se siguen reproduciendo a lo largo de su existencia, es decir que si la educación se basa y se construye un por un sistema de dos sujetos, educando-educador que se relacionan e interactúan para poder constituirse no es posible eliminar a uno para que salga adelante el otro, y si bien el contexto se puede  modificar e históricamente pasamos educar para ser nómadas, luego sedentarios, y posteriormente a una sociedad industrial y ahora tecnológica y global, el sistema permanece en el entorno con sus funciones y características, una de ellas la sincronía, como capacidad de generar la respuesta a la necesidad que emerge en el sujeto a partir de lo que requiere aprender a la edad en el contexto en el que vive.

Referencias

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