Vol.: 10, 2017/52

Vendedora de Flores de Diego Rivera, 1949.
Se contextualiza en la protesta social, el pueblo mexicano, humilde, sencillo.
La reinterpretamos como: el aprendizaje es una flor que se genera en una relación docente-estudiante, se entrega y se toma por apropiación y reconstrucción, reinventemos los significados.

Calidad Educativa Consultores S. C., les envía su boletín electrónico No. 52 con el título: «Reinventarse…» que cuenta con un artículo de opinión de la Dra. Laura Frade Rubio y que se les manda con el motivo del día de la maestra y del maestro que se celebra hoy 15 de mayo del 2017. Este documento tiene como objetivo plantearse la problemática que viven los y las docentes a partir de que, si bien se les festeja en su día, al mismo tiempo también se les ha venido desprestigiando; problemática que emerge de la imposibilidad de que el sistema educativo en su conjunto responda a los cambios que continuamente se generan en el contexto global actual, por lo que se les responsabiliza de los fracasos educativos que como sociedad tenemos. Por esta razón, es necesario reinventarse mediante la generación de una estrategia de cambio interno y reflexión que nos permita salir adelante para adaptarnos a las nuevas demandas y así salir airosos porque si no lo hacemos nadie lo hará por nosotros(as).

Recuerden que este artículo se puede distribuir libremente siempre y cuando se cite la fuente

Reinventarse…

Hoy es nuestro día… el día de la maestra y del maestro, celebrado en México desde el 15 de mayo de 1918 cuando se firmó el decreto presidencial por Venustiano Carranza a solicitud de los diputados Benito Ramírez y Enrique Viesca, que siendo ellos mismos docentes lo habían promovido desde 1917, al identificar que debería darse un reconocimiento a la labor de sus compañeros/as (Página Web oficial de SEP, 2017).

Más tarde, la UNESCO lo acordó formalmente en 1966 como celebración para el día 5 de octubre en la «Recomendación Conjunta de la OIT y la UNESCO relativa a la Condición del Personal Docente», siendo que en cada país del mundo se celebra en distintas fechas. Dicho de otra forma, tenemos ya casi un Siglo de reconocimientos en nuestro caso. Lo anterior no es en balde puesto que son los y las profesoras quienes nos han enseñado algo que puede ser tan elemental como lo es leer y escribir, pero que resulta fundamental como puerta de acceso al conocimiento; pero también son los que nos han aportado aspectos tan elevados como los modelos a seguir, algunos de los principios éticos y morales que como mexicanos tenemos, nuestros valores, o bien los sueños para contar con una sociedad más justa, su transformación social y la lucha por la verdad y la justicia a través del proceso educativo que se realiza.

Sin embargo, este reconocimiento histórico no permanece igual en el Siglo XXI, puesto que en medio de la «fiesta», el desprestigio nos circunda, en algunos casos nos persigue como gato al acecho de su presa… De hecho, pareciera que existiera una campaña para impulsar nuestro descrédito y deshonra porque se nos culpa de los bajos resultados de aprendizaje que los estudiantes alcanzan, se nos acusa de ser flojos, o bien tradicionalistas, no actualizados y de que los niños y niñas no logren lo que deberían… Tal vez haya algo de verdad en algunos casos, pero no en todos, porque seamos objetivos, no somos la única causa de los males educativos que padece la sociedad, porque la realidad es que si los educandos actuales no están respondiendo a las demandas cambiantes del entorno, a la modernidad líquida mencionada por Bauman (2007) cuando decía que en el Siglo XXI no ha terminado de asentarse un cambio cuando ya llegó el subsiguiente, esto se traduce en el caso educativo, a que el sistema en su conjunto no responde a la velocidad de las modificaciones que se van dando día a día…

Esta falta de paralelismo entre lo que se hace en nuestro sector y lo que exige el mundo globalizado y complejo actual genera un círculo vicioso porque frente a este problema llegan

las «soluciones salvadoras» de todos los males con las propuestas de algunos de los profetas políticos que descubren el hilo negro e impulsan lo que ya se lleva a cabo desde hace mucho, sin entender el dinamismo, el movimiento continuo del contexto global que impone una lógica distinta y llevando a cabo con ello acciones que se pueden convertir en regresiones cuyas consecuencias pueden ser nefastas.

Así que, cabe la pregunta: ¿Qué nos queda en este mundo complejo? ¿Renunciar, aventar la toalla? No, nos queda levantarnos reinventándonos…, puesto que si no lo hacemos nadie lo hará por nosotros. Con esto, no me refiero a reinventar el contenido de la sola palabra educación con todo lo que implica, aspecto que fue abordado elocuentemente por Morin y Delgado (2014), sino más bien puntualizo la necesidad imperiosa de reinventarnos como sujetos con la vocación de educar, lo que trae como consecuencia observar lo que uno es y lo que podría ser al mismo tiempo en un contexto que se modifica continuamente, reconociendo lo que puede hacerse, lo que ya se es para seguir adelante en la profesión elegida, de manera simultánea a una automodificación continua y profunda para no ahogarse en un entorno adverso.

Lo que uno o una es hoy, es un docente formado por un sistema educativo constituido con estructuras más bien rígidas que no se observa a sí mismo como parte del «complexus «, es decir de la red de partes que conforman, como lo diría Morin (1995), puesto que es el propio sistema el que no se hace responsable de la parte que le toca en la problemática que se presenta. Sin embargo, si uno fue formado por este y permanece en el mismo, uno es parte.

Esto se traduce en que se debería reconocer que aún sin el poder, se puede participar en la transformación del todo haciendo algo. Pero, ¿cómo hacerlo cuando no existen mecanismos de participación real en la toma de decisiones que se generan desde arriba? Así, reinventándose, generando aquello que, siendo parte el propio sistema no se observa. Es como si un cuerpo tuviera una enfermedad ¿qué hacer para curarlo? ¿Extraer la parte no afectada, dejarse morir con él, o bien modificar el juego interno mediante una acción estratégica que lo modifique sin que incluso se dé cuenta? Esto conllevaría a diseñar un camino táctico que va surgiendo en la práctica y que por lo tanto no está configurado, pudiendo incluso, ser ciego a los otros órganos. Reinventarse entonces conlleva a cuestionar el rol actual que tenemos los docentes desde una perspectiva nueva. Reinventarse no es negarse, no es negar el pasado, no es aceptar la culpa responsabilizándose, como tampoco lo es adjudicarles el error a los otros (padres, madres y autoridades), es ser como una mariposa que sale de su capullo y logra una metamorfosis; lo que Morin (2006) llama así a un cambio radical a partir de lo que se es.

¿Qué podría generar una metamorfosis en cada docente? Para empezar, observarse a sí mismo como parte del sistema, reconociéndose como miembro de esta sociedad, sabiendo que somos parte del fracaso, pero también del éxito que se observa en un comparativo real que señala que para cuando termina la Revolución Mexicana al menos el 77% de las personas eran analfabetas siendo que hoy únicamente el 5% permanece siéndolo aproximadamente (INEGI, 2009).

La consecuencia directa de lo antrerior es la posibilidad de identificar el complexus educativo que incluye tres elementos fundamentales que interaccionan de manera constante entre sí (Frade, 2016) formando un todo más complejo que las partes que normalmente se visualizan de manera aislada y que son: la relación que se establece entre un educando y un educador, el contexto en el que se encuentran y el contenido que se debe enseñar-aprender para salir adelante en el mismo. Lo que se traduce de manera más amplia así:

La relación que se configura, la que comienza entre padres, madres e hijos/hijas, misma que continúa en la escuela y en el aula entre el docente con sus alumnos y alumnas, pero también la que tiene que ver con el director, la escuela, la supervisión, los servicios estatales, la federación y todas las instancias internacionales que participan en la educación mexicana (Banco Mundial, ONU, UNESCO, OCDE) y que también impactan en otros países. Dicha relación se establece a partir de dos actores y de dos procesos: educador-educando, enseñanza-aprendizaje, mismos que no son estáticos, son profundamente dinámicos, tanto por el rol que juegan como porque son seres humanos y como tales siempre se están modificando, crecen y aún envejecen… Esto es importante porque el aprendizaje que ambos logran siempre se modifica, siendo que además el que enseña no es solo el docente, ni tampoco el que aprende solo es el estudiante, sino todos los que participan. Bien lo decía Freire (1981) cuando señalaba que nadie educa a nadie, sino que todos nos educamos entre sí.

El contexto que nos rodea y en el cual estamos insertos que no es solo local, ni tampoco solo estatal, ni únicamente nacional, o bien global, sino que es todo esto al mismo tiempo. Es también sociohistórico, ya que cuenta con una trayectoria propia que lo explica en donde el estudiante del Siglo XXI emerge de esta glocalización, del mundo local y el mundo global que cuenta con nueva sociedad emergente que se caracteriza por la diversidad, sin que esta se termine por formar y reconocerse a sí misma como una sociedad planetaria como lo diría Morin (1993). Dicho contexto también se encuentra en una constante transformación y no puede observarse sin considerar sus cambios, lo que produce a su vez incertidumbre, siendo que además este le da forma al sistema como lo diría Luhman (2007) ya que es a partir de observarlo que se decide qué se educa, cómo y cuándo.

El contenido a enseñar-aprender que se encuentra en un siempre pasado, actual y futuro plan y programa de estudios, así como en el currículo implícito, siendo que ambos no nos tendrán por satisfechos, porque nunca los terminamos de identificar como «bien hechos», puesto que han sido elaborados e instrumentados por otros y otras, que como nosotros son parte del propio complexus que lo reproduce, tanto para bien como para mal.

Si observáramos este complexus, tal vez aprenderíamos a vernos de otra forma, no como víctimas, ni como culpables; no como externos al problema que solo ejecutan las políticas derivadas desde una autoridad que se asume como responsable, sino como actores que pueden hacer mucho desde donde están en otra lógica que no obedece a relaciones verticales sino nodulares, en redes que se conforman por múltiples participantes y que como tales se van auto-eco-organizando; es decir que se van organizando en sí mismas en dependencia al contexto en el que se vive (Morin, 1981)… Esto nos permitiría diseñar y aplicar otras estrategias que conlleven a responder como docentes a las exigencias que se imponen sin ahogarnos en el intento de ser maestros/as al mismo tiempo que somos empleados y a los cuáles se nos exige que modifiquemos una realidad de la que si bien somos corresponsables, no tenemos la exclusiva.

Este reinventarnos dentro del complexus, supone modificar las representaciones mentales que se tienen en nuestra mente educativa, las ideas previas que tenemos sobre estos tres elementos, ya  que partimos del supuesto de que lo primero en el sistema educativo es el contenido a educar, lo segundo el contexto  que lo afecta y lo tercero las relaciones que se establecen, siendo que además no se encuentran vinculados, pero no es así, puesto que la educación inicia porque existe un educando y un educador que se encuentran en un contexto a partir del cual se  observa lo que se debe enseñar y aprender, para que se hace y cómo, de manera que el tercer elemento es el contenido a educar; siendo que las tres partes interactúan entre sí, así si el contexto se modfica, también lo hace la relación y con ello el contenido sin que exista una interacción lineal, puesto que forman parte de un todo que es algo más que la suma de sus partes, tal y como lo decía Aristóteles en su Metafísica.

Innovar estas representaciones significa reorganizarlas porque no puede haber un cambio sin la conciencia de que toda mente humana se modifica a sí misma a partir de identificar las representaciones que tienen sobre la realidad, lo que conlleva a detectar la forma sobre cómo percibe un problema, lo codifica, se retiene y se guarda como información (Gardner, 2006). 

Esto no significa olvidar el pasado, por el contrario, más bien es ser consciente del mismo, para identificarlo en la práctica retomando todo aquello que sabemos que funciona para trastocar aquello que ya no lo logra, porque la educación por definición implica un proceso de conservación de la cultura construida, al mismo tiempo en que la transforma. 

Si las relaciones son el principio del sistema, tendríamos que partir de ahí, identificando que ya no debemos relacionarnos entre nosotros a partir de las típicas líneas verticales que se identifican en cualquier institución educativa, familiar, sindical, escolar, etcétera, sino en redes, en procesos de interacción entre los propios docentes, con sus estudiantes y aún con los padres, madres, directivos y autoridades de manera que la educación vaya siendo reasumida de manera colectiva, sin que esto deje de observar que sí existen diferencias y que estas están dadas por la experiencia, que lo único que diferencia al educador del educando.

Para hacerlo, lo que se enseña -aprende, y cómo se enseña – aprende, el contenido a educar no se puede seguir observando como una instalación programática vertical que emerge desde la autoridad y que como tal debe ser aplicada, nos guste o no, sino más bien como un proceso colectivo de reinterpretación de términos y conceptos que permitan superar los muchos errores que en su práctica se observan.

Tendríamos que pasar entonces del currículo lineal, vertical cuyo operador es el docente, a un currículo en construcción activa por parte de los que aplican en una acción educativa con los estudiantes, sus padres, madres, la escuela y aún la propia SEP. Esto es algo que los propios docentes hace mucho que realizan al observar las deficiencias de los planes y programas o bien de los modelos educativos existentes, de manera que los corrigen en su praxis, a veces con apoyo de sus directores y supervisores, otras incluso sin su aprobación, a escondidas, por detrás, tratando de hacer las cosas mejor de lo que identifican que está escrito porque lo que la letra dice muchas veces no se aplica a la vida real, por más escandaloso que parezca mi señalamiento.

No obstante, la nueva exigencia, la que se traduce en una reinvención, conlleva a que toda modificación del currículo vigente (pasado o nuevo) tiene que llevar necesariamente a una fundamentación teórica que mejore lo que nos dan como línea de operación, asunto que deberá darse más allá de reconstruirlo por nuestra propia práctica buscando las razones científicas, construyéndolas de manera que podamos explicar y comunicar lo que hacemos con argumentos sólidos sin que esto signifique dejar la línea original porque esto es normativo.

Reinventarse entonces conlleva identificar que si nuestros estudiantes viven en un contextoglocal entonces deberán salir adelante en el mismo, para lo cual nuestra intervención no solo los debe llevar a reconocer y actuar sobre las necesidades locales, sino también sobre las nacionales y aún globales. Esto implica dejar de señalar que la exigencia se encuentra inscrita en el contexto local, observándolo como origen y obligado destino, reiterando de manera constante que, si se es pobre, no se puede lograr algo como lo hacen los que sí lo tienen… Sino que más bien, lo que deberíamos estar pensando es cómo hacer que nuestra intervención logre más, mucho más con el potencial que sabemos que tienen aún sin poseer casi nada. El contexto, por tanto, no puede ser una limitante, una condicionante, es más bien el insumo que nos permite identificar lo que deberían poder transformar con nuestro apoyo.

No, no estoy responsabilizando al docente de su actuar en un contexto a veces imposible de superar, solo estoy diciendo que la educación, puede ser un proceso de metamorfosis en sí mismo, hay que recordar que a veces con el acceso a leer y a escribir el estudiante logra muchísimo por su propio pie, no hay que perderlo de vista, el impacto de un docente en la vida de un estudiante es inimaginable… Eso debería ser nuestro mayor regalo y esperanza.

En suma, hay que reinventarse como docente en el Siglo XXI, hay que reconstruirse a partir de nuestras propias relaciones con los contenidos que, si bien emanan de un plan y programa educativo siempre perfectible, este se debe reinterpretar, revitalizar, y reconfigurar en una práctica sustentada teóricamente a partir de un contexto en el cual se encuentra el estudiante que no puede ser visto como origen y destino definitivo, sino como insumo para transformarlo por la propia práctica educativa, logrando con ello un aprendizaje dinámico tanto en ellos y ellas como en nosotros mismos.

Por todo lo anterior, en este 15 de mayo mi felicitación es el deseo e invitación de reinventarnos.

Referencias

Bauman Zygmund, Tiempos líquidos, México, Tusquets.

Frade Laura, 2016. La educación en México: una tarea pendiente en México, Ciudad de México, Mediación de Calidad S. A. de C. V., en http://www.calidadeducativa.com, recuperado el 15 de mayo del 2017.

Freire Pablo, 1981, Pedagogía del Oprimido, México D. F., Siglo XXI Editores.

Gardner, Changing Minds, The art and science of Changing our own and other people’s minds, Boston, MA., Harvard Press.

INEGI, 2009, Estadísticas Históricas de México, México, D.F., 2009.

Luhman Niklas, 2007. La sociedad de la sociedad, México, D. F., Herder-UIA.

Morin Edgar, 1981, El Método I, La naturaleza de la naturaleza, Teorema, Serie Mayor, Ediciones Du Seuil.

__________, 1993, Tierra-Patria, Barcelona, Kairos.

__________,1995, Mis demonios, Barcelona, Kairos.

__________, 2006, El Método 6, La ética, Barcelona, Kairos.

Morin Edgar, Delgado Carlos, 2014. Reinventar la Educación, Abrir Caminos a la metamorfosis de la humanidad, Ciudad de México, Multiversidad Mundo Real, Edgar Morin.

Páginas web citadas, recuperadas a: mayo del 2017.

Secretaría de Educación Pública,

https://www.sep.gob.mx/es/sep1/15_de_mayo,

Recuperado el 15 de mayo del 2017.

UNESCO,

http://www.unesco.org/new/es/unesco/events/prizes-and-celebrations/celebrations/international-days/world-teachersday-2016

Recuperado del 15 de mayo del 2017.

Recomendaciones prácticas

1. Hay que recordar que la educación, no inicia por el contenido a educar sino por las relaciones y el tipo de relaciones que se observan y establecen en el aula, mismas que deberían ser amorosas pero exigentes, estimulantes, pero responsabilizantes del propio actuar, personalizadas, observantes de la necesidad, pero socializantes y promotoras del aprendizaje en un colectivo grupal del que el docente es parte.

2. Resulta necesario tomar en cuenta que todo plan y programa de estudios, todo modelo educativo, se reinventa en la práctica, pero para hacerlo hay que sustentarlo con una argumentación teórica que nos permita consolidar lo que hacemos de una manera más científica, objetiva, confiable.

3. Se requiere observar el contexto local en las situaciones didácticas, recordando que no hay nada que se dé a este nivel que no se encuentre dentro de lo global, desde un refresco de cola, hasta las comunicaciones, el cambio climático, la violencia, la toma de decisiones de cualquier índole. Todo esto tiene que ver siempre con otros actores, eventos y fenómenos que no solo se identifican en la localidad. Lo anterior quiere decir que lo que aprenden nuestros alumnos y alumnas y cómo lo aprenden debe ser observado a partir de las relaciones más amplias, cualquier proyecto, investigación, experimento, problema, caso, etcétera, debe irse más allá de lo que se conoce localmente. Nuestro trabajo es siempre subir, avanzar hacia lo desconocido partiendo de lo conocido, bien lo decía Comenio en su Didáctica Magna desde 1650.

4. Se debería enfrentar el cambio en los estudiantes y en su aprendizaje, así como en las propias modificaciones, y las que también sufre el contenido y las que se observan en el contexto no mediante una aceptación pasiva, sino en a partir de la transformación por la acción personal que lo retoma, analiza y reaplica con otras bases y argumentos, resignificándolo, y aun mejorándolo.

Calidad Educativa Consultores S. C. es una empresa que busca impulsar la calidad en la educación desde la perspectiva del fortalecimiento y actualización de lo procesos de intervención educativa, pedagógica y didáctica que los y las docentes, sus directivos y supervisores realizan buscando responder con ello a las necesidades y el contexto del Siglo XXI. ¡Contrata nuestros servicios!